“Dillom está en un bar”. Un guitarrista de su banda le tiró esa frase a Máximo Allegrucci la noche previa al Norte Rock 2024. El estudiante y diseñador gráfico había reconocido, junto a un amigo, el lugar de una foto publicada en Instagram y salió a buscarlo. Esperó, se cruzó con integrantes de la banda y siguió una última pista hasta el bar. Dillom estaba ahí. Hubo saludo, foto y una conclusión: “Tipazo, es un amor”.
Este viernes 2 de octubre volverá a verlo. Compró la entrada el mismo día que salió a la venta para el show de las 21 en el Palacio de los Deportes del Parque 9 de Julio, la única fecha del artista en el NOA. Tucumán, además, inaugura la “Gira Violenta”, con la que Dillom llevará La nueva violencia, su tercer disco de estudio, lanzado en agosto, por Argentina y otros países. Después vienen San Luis, San Juan (17 de octubre), Mendoza (18), Santa Fe, Rosario, Asunción, Santiago de Chile, Ciudad de México, Montevideo, La Plata y Buenos Aires.
Puede que a mucha gente el nombre de Dylan León Masa, porteño de 25 años, no le suene. Pero quienes lo siguen por todas esas ciudades saben que una sola pista de él alcanza para ponerse en movimiento. Para el videoclip de “Cocodrilo”, canción de La nueva violencia, el artista convocó a sus fans para que fueran parte de la obra. Se anotaron 10.722 personas. Frases, símbolos y dibujos terminaron tatuados en sus cuerpos. Cada tatuaje se fotografió por separado para armar la animación en stop-motion, dirigida por Rocío Gastaldi y Noduermo.
Entonces, ¿quién es Dillom? ¿Se lo puede definir sin limitarlo?
“Cada uno de sus tres discos es un mundo distinto”
Dillom asomó en 2018 con “Drippin”, una voz destartalada y graciosa para rapear y un cartón de jugo tatuado en la cara. Hacía videoclips con armas largas. Después las dejó afuera. Un año más tarde, su sesión con Bizarrap lo lanzó a la masividad. Como una serpiente, cambió de piel con cada disco. Post Mortem (2021) olió a trap oscuro y a cajón de madera. Por cesárea (2024) fue un parto a los gritos, conceptual, oscuro y teatral. La nueva violencia es el más rockero y bailable, y según Dylan también el más personal de su carrera.
"Dios no es boludo y siempre atiende en Buenos Aires", dice la canción homónima del disco. Esa mirada transgresora llevó a muchos a querer encasillarlo en el rock. Pero ningún género tiene la potestad de apoderarse de Dillom. Escapa de todo, como arena entre los dedos de la industria musical.
Máximo lo vio en el Norte Rock aunque ya lo seguía de mucho antes. “Lo novedoso de él es que nunca se queda con un sonido o género. Cada uno de sus tres discos es un mundo distinto”, explica. El personaje muta junto con los discos, agrega, y forma parte de una contracultura que no apuesta por lo limpio y lo “bonito”.
Dillom lanza un libro inspirado en Por cesárea: una edición limitada que combina música, arte y autobiografía“Bizarro y burlesco”
Para Virginia Luna, la clave está en cambiar sin perder la marca personal. “A pesar de que el tipo maneje letras y conceptos bastante profundos, siempre encuentra una forma de hacerlo bizarro y burlesco”, explica. Cree que tiene “su impronta bien marcada” y que alcanza con escuchar una canción para reconocerlo.
Su recorrido también le parece significativo. “Para el estilo de música que él empezó haciendo y cómo fue desarrollando su ‘personaje’ hasta despegarse de eso, creo que es uno de los artistas más completos que tiene el país actualmente”, sostiene.
En sus dos últimos discos escucha algo más cercano al rock y al pop experimental, mientras que Post Mortem estaba más ligado al trap. Aun así, hay algo que permanece: “Te seguís dando cuenta que es Dillom incluso si los géneros entre álbumes son distintos”.
“Es escénico”
Agostina Norry, profesora de inglés, descubrió esa faceta cuando lo vio con Por cesárea. Aclara que no se considera “la mayor fan” y que seguramente hay seguidores más fanáticos, pero su valoración es contundente: “Me parece increíble. Me parece muy piola. Lo amo, lo banco un montón”.
También encuentra una dimensión íntima detrás del personaje. “Lo veo muy cálido y ‘humano’”, cuenta, y relaciona esa cercanía con su decisión de hablar de vivencias crudas en las canciones. “El público de él empatiza mucho con las canciones y el tipo de artista, entonces se vuelve muy fiel”, explica.
“Alguien genuino”
Máximo suma otro rasgo. Dillom, dice, “representa la realidad que vivimos actualmente y la adapta a la música”, y aborda los temas de actualidad, política incluida, con una mirada cercana y sin solemnidad. Lo define como “alguien genuino que no busca encajar y agradarle a todo el mundo”.
El 2 de octubre volverá a verlo. Después de tres discos, varios cambios de sonido y aquella foto en un bar, ya sabe que probablemente no encuentre al mismo Dillom que vio la última vez. Y justamente por eso quiere estar ahí.
Las entradas son generales y la ubicación se define por orden de llegada. La segunda tanda de anticipadas cuesta $60.000 más gastos de servicio y se consigue en Passeshow y en La Rockería (Buenos Aires 39).